Semi Marathon de París 2010

Los gladiadores del frío.

El día de la carrera el toque de diana sonó a las 7 de la mañana. Los rayos de sol que se filtraban por la ventana daban la esperanza de tener un día menos “congeleitor” que el anterior donde París, parecía la estepa siberiana. Tras un café bomba (cortesía de la casa) y las fotos de rigor, los gladiadores del frío nos dirigimos a la boca de  metro más cercana. Nos acordábamos perfectamente dónde estaba. El día anterior habíamos hecho  la de “Camote” y como si fuera barato moverse en metro por la capital del Sena habíamos pagado varias veces el mismo trayecto.

Llegados al sitio en cuestión la sensación térmica aún era más baja.  El frío te obligaba a trotar, a hacer el baile de chiquito, el del ventilador o el de  lavadora. Además, todo eran quejas (como siempre).

“Que si el frío……. que si la rodilla….. que si los gemelos……. no he entrenado…..”

Viendo que nos íbamos a convertir en los primos del Yeti  entramos de “extranjis” en un bar para el evitar la congelación. Como no llevábamos  ni para comprar colillas nos dedicamos al culebreo. Vicent estaba algo nervioso. (Tenso)…….. Pronto empezó a hacer de las suyas a alguna “grinfa parisien” que andaba por allí. Si no recuerdo mal creo que lo bautizamos como “La señal de la pasión”.  Quien desee más información en relación a este episodio que le pregunte a él directamente.

Tras alguna risa y alguna excusa más, decidimos dirigirnos a nuestro cajón de salida.

Minutos antes de la prueba  seguían las risas y felicidad. en realidad, todo estaba cociéndose. Recuerdo escuchar las  palabras “Vamos a ir todos juntos…..” “Yo no estoy bien……..” etc.  Todo mentira.

Cuando sonó la campana, como siempre, nadie conocía a nadie. Los amigos se convirtieron en rivales.

Durante los primeros kilómetros (4km-5km) era tal la cantidad  gente que corría que resultaba difícil marcar un ritmo regular. Vicent y José tomaron la delantera y dejaron atrás a Javi, Miguel y Carlos (el pequeño Tarson que iba grabando con la cámara videos sobre la carrera). Teníamos que ir esquivando a los corredores además de  algún “empanao” que de repente se te cruzaba en el camino. Esto hizo que  pronto perdiera a Vicent que marcho hacía delante. A pesar de tenerlo relativamente cerca no lo volví a ver en toda la carrera.

El recorrido inicial está  trazado  con gran maestría. En él se combina belleza y calidad.

La gente vitoreaba a todos  los corredores. No paraban de animar. Algunas banderas españolas nos hacían  sentir especiales. Como viviendo un momento histórico.

Llegado el kilómetro 10  me di cuenta de que podía, por qué no, hacer un buen tiempo. Bajar de  1.30. No era inicialmente la intención pero, como el ritmo me estaba resultando cómodo de llevar decidí mantenerlo hasta el final. Llegó el 15km y las cuentas salían. Era el momento de dar el resto.

La última parte de la carrera transcurre por el bosque de Vincennes que es totalmente llano y con grandes rectas. A pesar del frió y de que iba ya con la reserva  ver a lo lejos  el arco de meta hizo que recobrase las fuerzas. Mi mueca de sufrimiento se tornaba en alegría en el momento en que mi crono se paraba en  1h 29 min 43seg.

Justo al pasar la  misma línea de meta se encontraba Vicent que  había marcado un fabuloso tiempo de 1h 28min  30 seg. Hacía mucho frío y no sabíamos el tiempo que tardaría el resto en llegar. Decidimos volver rápidamente al hotel para la ansiada ducha y esperar allí a los demás Calambres.

Los auténticos gladiadores del frío.

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