Jerusalem Marathon 2014

Miércoles noche. Jueves morning.

Después de una noche de viaje en la que he dormido menos que el mayordomo de Drácula hemos llegado al aeropuerto de Ben Gurión (Tel Aviv) a las 4:30 de la mañana. La cena con Iberia ha sido sopa castellana, cordero al horno y huevos fritos. De postre “queso” por cortesía del judío que viajaba a mi lado en el avión y que sin pensárselo dos veces se descalzó e impregnó el ambiente con suave aroma a Grana Padano.

Como hemos salido desde distintos lugares  de España, el grupo entero de calambres  no ha estado completo hasta  encontrarnos en   la sala donde salían las maletas.  Tras pasar el control en donde nos han hecho preguntas tales como: cómo se llama tu madre,  como se llama tu padre o si eres familia del “solitario” hemos salido al exterior con el objetivo de coger un “autobús privado” que nos acercase al apartamento que teníamos alquilado. Personalmente al verme barba de talibán me han preguntado si tenía amigos o familia  en Egipto o Pakistán. No sé por qué.

Al desconocer la moneda y no tener muy claro la equivalencia con los euros nuestra primera “metedura de pata” ha sido al darle propina al Autobusero-Taxista. Al ver este que con la cantidad que le dábamos podía casi celebrar la comunión de su hijo nos ha besado a todos como si fuéramos primos suyos. De hecho, se ha tomado el resto de día libre.

Hacía días que estaba preocupado por el asunto del apartamento alquilado. No teníamos llave. No había nadie esperando.  Todo era cuestión de introducir un código que nos habían enviado por correo y la puerta se debía abrir como la cueva de Alí- Babá.  Tras concentrarme en la introducción del mismo y después de un leve movimiento de la manilla, “La cueva de Ali- Baba” se ha abierto y hemos podido descansar un rato.

Nuestra entrada a la ciudad vieja ha sido por la puerta de “Jaffa”. La impresión que se tiene es la de entrar en una especie de laberinto en donde lo mejor es dejarte  llevar por la estrechas calles inundadas de pequeños comercios con miles de productos y colores. Tras un pequeño serpenteo hemos llegado a  la explanada de las mezquitas. La imagen es espectacular.

Tras el  muro milenario  sobresale  la cúpula de la roca. Cientos de personas golpean sus cabezas sobre él mientras  otras esconden papelillos con plegarias.  A pesar de que pensábamos que no podríamos acercarnos, finalmente  lo hemos hecho. Hombres y mujeres tienen una entrada diferenciada. Cada uno por una parte. No pueden juntarse.

Además, el jueves ha coincidido con una especie de rito de iniciación de los jóvenes judíos. Consiste en recitar en público la Torá después de una preparación de cuatro meses. Es una especie de comunión  gitana en donde se hacen fotos con la torá y los familiares. Todo ello junto al muro.

Muy pronto te das cuenta de que  Israel es un país obsesionado por la seguridad. Las calles y “plazas” están llenas de policías y jóvenes militares de entre 17 y 20 años. El servicio militar es obligatorio para hombres y mujeres y  antes de que te salga bigote o te baje la regla te dan una metralleta más grande que la Terminator.

También muy pronto te das cuenta de que los judíos son muy “raritos” y sobre todo algo antipáticos. A grandes rasgos y sin generalizar en exceso podríamos clasificarlos en antipáticos, desalaos y algunos “maleducats”.

Después de  la comida nos hemos dirigido camino del Santo Sepulcro. El lugar más santo de la cristiandad y donde se puede observar a fieles emocionados tocando los sitios donde se supone que Jesús dejó su huella.

Finalmente hemos ido a la feria del corredor donde hemos recogido el dorsal y más cansados que una rata hemos vuelto al apartamento para descansar y prepararnos para la batalla.

Viernes. Día de la carrera.

A pesar de que nos hemos tenido que levantar a las 5 de de la mañana para desayunar  había bastante luz en la calle y la temperatura era agradable. Tras la foto de rigor nos hemos dirigido  hacía el lugar donde partía la carrea  (apenas 15 minutos). La fiebre de días anteriores y los más de 1000 paracetamoles que llevaba en el cuerpo han hecho que por primera vez en mucho tiempo me planteara una carrera cómoda. Desde el pistoletazo de salida  Jesús, Miguel y yo hemos ido juntos.

Hemos tardado varios kilómetros en encontrar el ritmo y correr algo a gusto ya que había muchísima gente que hemos tenido que sortear. Tras correr en varios países y varios continente  podemos confirmar un hecho extraño que se repite en cada uno de ellos. En Jerusalén también hay Panchuts (barrigones) que van como un tiro y gente que corre con ropa de Llauraor y calcetines negros de comunión.

En torno al kilómetro 5 Jesús se ha quedado y ha decidido hacer su propia carrera.

La media es durísima y si alguien tiene la idea de ir a Port aventura le recomiendo que ahorre un poco más y se venga a Jerusalén a correr. El circuito es como si corrieses por las vías del dragón Kan. Una auténtica locura repleta de subidas y bajadas. Durísima.

Del kilómetro 5 al 17 (Pixi y Pixi) hemos puesto el piloto automático y nos hemos dedicado a “disfrutar” del recorrido. A partir del km 17 Miguel ha empezado a soplar a lo Búfalo Bill y hemos ajustado de nuevo el ritmo para que sus piernas no se convirtieran en comida de palomas.

La entrada en meta ha sido triunfal. No por el tiempo sino porque en 25 años que llevamos corriendo nunca habíamos terminado una carrera juntos. Todo un éxito

Si la media es dura  la maratón es para morirse. Carlos ha sido el único integrante de calambres que ha tenido el valor de correrla. Desde el kilómetro 1 no ha habido momento que no nos acordemos de él. Una vez más nos ha demostrado lo grande que es como deportista aunque esto se queda corto si lo comparamos con su grandeza como persona. Toda nuestra admiración y respeto para él.  Medalla de chocolate.

Una vez que todos  hemos acabado la competición el objetivo ha sido contratar la excursión para el día siguiente a Masada y mar muerto.  Culebreando por la parte árabe  Carlos y Jesús han tenido un incidente con un “moret” que pretendía pegársela.

Una de las mejores anécdotas del día ha sido la de que  justo antes de comer hemos  conocido a Gabriel  (una especie de guía mezcla entre Mario Vaquerizo, Meat Love y La Pantoja). En realidad se ha portado muy bien con nosotros pero  creo que ha sido un milagro (para mí) el no comer en su mesa. A Miguel, Carlos y Jesús les ha puesto la cabeza como un bombo con la religión y demás.

Después de comer y siguiendo la Vía Dolorosa hemos llegado al huerto de Getsemaní.

Hemos vuelta a casa para descansar

El sábado aquí no trabaja ni los “Gorrillas”

El autobús nos ha recogido y nos hemos dirigido hacia la fortaleza de Masada. Nuestra guía, Doña Rogelia, tenía casi 100 años  y en mi opinión llevaba unos 20 sin hablar. Ha resultado ser algo cotorra. Durante las casi 7 horas de visita no ha parado  ni un sólo segundo mezclando el Inglés, el español que hablan mis alumnos gitanos de Vallecas y el Catalán. He llegado a pensar en suicidarme con el ibuprofeno que llevaba.

No obstante, Independientemente de su lengua de fuego ha sido una buena guía y nos ha despedido cantando una canción.

A la fortaleza de Masada hemos subido con un telesférico. Desde allí la vista es espectacular. Se divisa el mar muerto y los Montañas que forman parte del territorio Jordano.

El sitio hay que imaginárselo 2000 o 3000 años atrás. Debía ser impresionante. Los que allí vivían resistieron cerca de cuatro años de asedio de los romanos. Finalmente en vez de rendirse decidieron quitarse la vida entre ellos.

Durante esta visita hemos conocido a David y Lina, español y colombiana residentes en Londres los cuales nos han prometido entrenar mucho y fichar por los calambres. Seguro que sí.

Tras la visita a Masada nos hemos dirigido a una zona en plan toristoide tipo Benidorm “en pequeño” donde podíamos tomar el baño. Durante el trayecto, nuestra guía centenaria casi nos quita las ganas de bañarnos. Nos decía cosas tales como: Si Tragáis agua Moriréis. Si se  te moja un ojo te quedabas como el Dioni. Si te entra agua en los oídos te explotarán como una mangrana.

En fin, no ha sido para tanto. Hemos sobrevivido  y la experiencia  ha sido gratificante y divertida.

Domingo

La intención del domingo era visitar la Cúpula de la roca así que  bien tempranito nos  hemos acercado hasta la explanada de las mezquitas( lugar por el cual se accede). Al llegar nos hemos dado cuenta de que había una cola más larga que cuando repartes bocadillos gratis.

Ely, Miriam y Carlos se han quedado. El resto  hemos regresado a casa dando un paseíto.

La vuelta a casa (España) se nos ha complicado algo y hemos tenido más problemas de lo normal en encontrar la manera más cómodo y económica que nos acercara al aeropuerto.

Lo del aeropuerto no tiene nombre. Las medidas de seguridad son excesivas. Desde el momento que entrar hasta llegar a la puerta de embarque puede llevarte perfectamente una hora y media. Así hay que armarse de paciencia.

Como siempre en estos casos lo peor siempre es la despedida del resto de Calambres.

No obstante, hay algo que comienza de nuevo desde ese mismo momento. Supongo que  la ilusión de todos y cada uno de nosotros por volvernos a ver en la próxima cita.

Desde el momento en que el avión se elevó por encima de Tierra Santa mi mente empezaba a perderse por esos lugares por los que casi, cien por cien seguro, algún día mi familia Calámbrica y yo volveremos a quemar zapatilla, reír y disfrutar de nuevo.

Un abrazo a todos.

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