Crónica MIM By Ángel Alcaide.

Sábado 22 de abril en Castellón. Suena el despertador a las 4:15. Nos levantamos y comenzamos con el ritual, desayuno rápido mientras nos vestimos y terminamos de preparar las mochilas. Rápido a coger el coche y en marcha a la Universidad Jaume I.

De allí, a las 6:00 partimos los 1.500 atletas que nos enfrentamos a los 63 kilómetros de la MIM de Penyagolosa Trails. Estamos a las puertas de la salida y a buen seguro que las sensaciones de la gran mayoría son muy similares. Por dentro estamos expectantes y deseando salir, pero también hay nervios. Repasamos de nuevo las mochilas buscando que todo sigue en su sitio, nos hacemos las últimas fotos, y estamos deseando escuchar la cuenta atrás. Antes un emotivo recuerdo a dos atletas recientemente desaparecidas. Una de ellas debía estar hoy con todos nosotros. Se da por fin la salida y comienza a moverse todo el pelotón.

Tenemos una parte un tanto peligrosa por la falta de luz a esas horas y nuestra torpeza al no incluir el frontal que se recomendaba desde la organización. Afortunadamente estos primeros kilómetros discurren por vías asfaltadas y los pasamos sin problema. Llegamos a Borriol corriendo muy cómodos y adelantando a muchos corredores en las primeras rampas que encontramos. Pero se forma un tapón al salir del pueblo y entrar en su Sierra. Fila de a uno hasta salir a un camino muy ancho utilizado por los camiones de una cantera cercana. Aquí ya despierta la mañana y se puede empezar a correr rápido. Es ver un llano y nos sale la vena más asfaltera. Pero algo no me gusta al alargar la zancada. No voy cómodo y me preocupa el isquio de la pierna izquierda. Después de pasar por el fisio y parar la última semana, algo no va lo bien que debiera. Le digo a SuperLópez que yo marco el ritmo porque no me gusta nada lo que acabo de notar. Van pasando los kilómetros y el temor a la lesión va desapareciendo. Me empiezo a encontrar como nuevo y llegamos al primer punto de control y avituallamiento, La Pedra (km 13,9). Recargamos los bidones y comemos algo de fruta. Mi compañero es más amigo de llevarlo todo controlado y me canta que vamos en hora. Nuestra idea es que podemos entrar en torno a un par de horas del ganador, y si le parece que la cosa va bien, pues por mi perfecto. Seguimos muy cómodos mientras adelantamos más corredores.

Nos animan al grito de “Vamos esos Calambres” y nos sorprende un poco al estar tan lejos de nuestra casa, pero de aquí es el origen del Club y su camiseta es fácil de reconocer. Los llaneos, las subidas y hasta los descenso que es donde más sufro se pasan sin aparente desgaste físico. Ayuda mucho el ir los dos juntos. Nos conocemos de cuando empezamos juntos a jugar al fútbol en categoría alevín. Crecimos y seguimos con el fútbol sala y desde el 2006 que continuamos corriendo pero ya sin balón. Nuestro primer Maratón entramos juntos en meta tras 93 minutos mano a mano. Madrid-Segovia 2014 la sufrimos durante casi 13 horas. Y tantas horas compartiendo lo que más nos gusta se nota a la hora de entendernos en la carrera. Llegamos al medio maratón y nos permitimos hacer bromas sobre si nos queda ya “sólo” un maratón, o dos medio maratones. Todo va sobre ruedas y alcanzamos el segundo control en Bassa de Les Oronetes (km. 25,2). Igual que en el primer avituallamiento se repone líquido, comemos fruta, y para delante nuevamente. Estamos fuertes y llegamos a un descenso en el que bajamos con mucha confianza. Seguimos adelantando y llega el momento crítico. En uno de los apoyos me hago daño y ahora sí que me preocupa. Voy tieso y la cuesta abajo se convierte en cuesta arriba. Empiezo a andar y dejo de ver a mi compañero. Me espera y comienzo a decirle que tiene que seguir sin mi. No puedo correr, y no sería justo destrozarle su carrera. Le animo y le digo que yo voy a finalizar y no se preocupe. Tira a regañadientes y pasamos al plan B.

Estoy sólo por el kilómetro 28 y para el siguiente control de Les Useres me restan cerca de 6 kilómetros. Una barbaridad para cómo me encuentro y cubro esta distancia andando e intentando correr, pero no puedo. Veo como me pasa la gente y siento mucha envidia e impotencia. Para algunos me convierto en un obstáculo más, ya que no podía correr y en las zonas estrechas era muy complicado cederles el paso. Por fin me acerco a Les Useres. Hay muchísima animación en el pueblo. En circunstancias normales esto es un maravilloso aliciente, pero ni eso consigue levantarme el ánimo. Entró despacio y desmoralizado al avituallamiento. Miro a la derecha y veo dos camillas en una carpa con cinco fisios. Me acerco para que me vean y me traten. Enseguida me desaconsejan continuar. Me restan aún 29 kilómetros y me encuentro a tiro de provocarme una rotura fibrilar. Es el momento de parar, aunque reconozco que me quedo a punto de seguir. Me acerco al puesto de la organización y comunico que lo dejo por lesión. Mi aventura en la MIM se ha terminado, pero me preocupa mi compañero. Le mando un mensaje para darle ánimos. Espero que en algún momento me conteste y me diga cómo va, pero por donde él anda la cobertura es muy mala y hasta Lloma Bernat (km 49) no tengo noticias suyas, y es para decirme que sus últimos 10 kilómetros han sido un suplicio. Sé que lo va a conseguir porque es muy duro y me quedo pendiente del móvil hasta que por fin me cuenta que se ha convertido en Finisher tras 8 horas y 31 minutos.

Es un auténtico fuera de serie. El abrazo que le doy al verle llegar lleva orgullo, alegría y envidia a partes iguales.

Quizá algún día yo también experimente la satisfacción de finalizar en Sant Joan de Penyagolosa. Tiempo al tiempo.

Mención especial y merecidísima a la magnífica organización y a sus voluntarios. Sorprendente la bolsa del corredor con mochila, buff, botella de vino de la zona y la mejor camiseta técnica que he visto en una bolsa del corredor. Avituallamientos muy completos con agua, isotónicas, fruta, frutos secos y dulces. Y también muy de agradecer el apoyo del público al paso de los corredores, y eso que por algunos puntos había que madrugar mucho. Y no quiero ni debo olvidarme de los dos hermanos de Arquerías que tan amablemente me acercaron hasta Castellón. Uno subió a recoger al otro que se lesionó cuando iba situado en el puesto 29 de la general. Muchas gracias a los dos…

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